Mi camino: Observar, permanecer, interpretar.
Antes de fotografiar
Mi relación con la fotografía de paisaje se basa en una idea sencilla: estar antes que fotografiar.
No siempre llego a un lugar con una imagen definida. A veces conozco el terreno y las condiciones que puedo encontrar; otras, simplemente recorro el paisaje y observo cómo se relacionan sus elementos.
La luz, el cielo, el relieve y la atmósfera van orientando mi mirada. Camino, busco posibles encuadres y espero cuando es necesario. La fotografía aparece cuando encuentro una relación entre esos elementos que expresa aquello que me ha detenido.
La captura
La técnica permite traducir esa observación en una imagen. La elección del encuadre, la perspectiva, la exposición y el momento de la captura forman parte de una misma decisión: encontrar una composición que conserve la esencia de lo que estoy viendo.
La edición
La edición es una continuación de la mirada. Trabajo la luz, el color, las sombras y las texturas para recuperar y expresar la atmósfera que percibí en el lugar.
No busco transformar el paisaje en algo ajeno a la experiencia original, sino encontrar una interpretación visual coherente con ella.
La impresión
La obra impresa prolonga esa experiencia más allá de la pantalla. Me gusta prestar atención a la calidad de reproducción, los materiales y el acabado.
El tamaño y el soporte influyen en la forma en que percibimos una imagen. Por eso, la elección de la impresión también forma parte del proceso de cada obra,
Para mí, fotografiar un paisaje no consiste únicamente en obtener una imagen. Es una práctica de observación que continúa en la edición y culmina cuando la obra encuentra su forma física.
Observar con atención. Fotografiar con intención. Interpretar con respeto.
